LOS NIÑOS  DE LAS MONTAÑAS CALCHAQUI

Mientras viajé por Argentina con un grupo de embajadores jóvenes encontré un pueblito. Isonza de Buena Vista estaba escondida dentro de las montañas Calchaqui. Y en ese mismo pueblito pasé unos días trabajando con y enseñando a diecinueve alumnos. Fue una experiencia increíble con momentos especiales, los tipos de momentos que los viajes sólo se presentan a aquellas completamente sumergidas en la experiencia actual.  

El “pueblito” realmente es un establecimiento que consiste en cinco edificios grises y erosionados, pero fuertes y resistentes. Los cinco edificios forman un colegio rural y sostenible. Isonza de Buena Vista es un internado que invita a los niños de las montañas y los valles a sus puertas. Los niños viajan a Isonza hasta seis horas en cada dirección a pie o por caballo. Aquí en el colegio es donde comen, duermen y aprenden. En los fines de semanas y en los feriados los niños embarcan de nuevo en sus viajes para regresar a sus casas. Los profesores también viajan desde los alrededores de las montañas, algunos incluso viajan hasta tres horas en auto desde Salta, el capital. El colegio suministra servicios médicos y dentales para los chicos, y la mayoría de estos niños se sientan más en casa en el colegio que en sus propios hogares.  Para los niños, Isonza de Buena Vista es el único acceso a una educación, a un futuro. 

En el Valle Encantando detrás de los pasteles verdes y rosados y los colores tejas de rojos y morados de las montañas, descubrí la humildad, la vulnerabilidad, el cansancio, y la belleza en la vida cotidiana de esta gente. 

Los niños tienen las mentes más creativas a pesar de que no tienen buen acceso a la tecnología. La creatividad corre por sus venas y sus cuerpos, y se la anota en sus dibujos que dibujan para la clase de arte; en los cuentos que escriben para la clase de lenguaje; en las bolsas que hacen y bordan para vender en las artesanías; en los bailes folklóricos que bailan en el patio;  y en la comida que crecen y preparan. Todos tienen lo que necesitan y se dedican a lo que quieren: una educación. Juntos, los niños y yo nos pusimos a trabajar, pensamos y dibujamos. Y con tiempo nuestras ideas y dibujos se despejaron revelando este cuento de niños.  

***

Había una vez un pueblito Isonza donde todos los humanos estaban muy tristes. Un grupo de animales se reunieron en un paraje cercano y se preguntaron, “¿por qué estarán tan tristes los humanos?”

Un zorrito llamado Eliseo dijo: “¡Yo tengo la solución! Armemos un campeonato de fútbol con todos los habitantes de Isonza. 

Al día siguiente los animales se presentaron muy temprano en la cancha de la escuela. Hicieron sonar muy fuerte las campanas. En seguido todos los habitantes se presentaron muy ansiosos por saber que pasaba.

Entonces el zorrito Eliseo les dijo: “Queremos jugar un partido de fútbol con todos ustedes.”

Los humanos asombrados se miraron unos a otros y respondieron: “¡Bueno!” Así como empezó el partido. Y las tribunas empezaron alentar cada uno a su equipo, y empezó a renacer la alegría de los humanos. El partido terminó en un empate, seis a seis. Todos festejaban el empate y el partido. 

A partir de esa fecha comenzó un campeonato de todos los años y entonces los humanos de Isonza se los ven alegres, felices y sonrientes para siempre. 

***

Esa tarde los niños de las montañas Calchaqui, los profesores y el director, los embajadores jóvenes y yo juguemos un partido de fútbol. En ese momento sentí que estaba realizando nuestro cuento. 

“¡Gooooooooooolll!” el equipo de chichas marcaron el primer gol del partido. Los hombres controlaron la pelota pero de repente perdieron la posesión. La pelota voló en el cielo manchando nuestra ropa cuando la arquera se la lanzó al centro de la cancha. Varios cuerpos saltaron para cabecear la pelota, y varios cuerpos regresaron a la tierra listos para el próximo movimiento. El partido siguió. “¡Esquina!” gritó el director. Los chicos lanzaron la pelota hacia al área de meta y el granjero quien sirvió hoy como el árbitro anunció, “¡goooolaaazzo!” Los chicos marcaron su primer gol. 

Pasó una hora así: todos competiendo entre ellos, corriendo más rápido que sus oponentes, empujando y marcando uno u otro,  y sonriendo sonrisas grandes. Comuniquemos no con palabras pero con nuestro amor por el juego y por la humanidad. En ese juego nos unimos todos no como ciudadanos de nuestras ciudades o pueblos, sino como ciudadanos de nuestro mundo

Terminó el partido y el sol se cayó lentamente detrás de la pared de montañas. En ese momento las luces de aurora austral bailaron, brillando sus colores verdes y morados en el cielo, irradiando el encanto de la naturaleza, la belleza y el poder de la gente para unirse como uno. 

From cleaning pig sties, to milking goats, to growing vegetables, Isonza children learn about farming as part of their daily education.

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Gauchos, are the Argentinian equivalent to cowboys; their lifestyle demands time, hard work, and respect for horses and they countryside.

Gauchos, are the Argentinian equivalent to cowboys; their lifestyle demands time, hard work, and respect for horses and they countryside.

Nestled deep in the Calchaqui Mountains, Isonza de Buena Vista welcomes students from the mountain region to its doors.

Nestled deep in the Calchaqui Mountains, Isonza de Buena Vista welcomes students from the mountain region to its doors.

School children take a rare break from collecting hay in the fields.   

School children take a rare break from collecting hay in the fields. 
 


Photos by author. 

Kalindi Naslund is a multi-local Spanish teacher, traveler, home chef, reader, and freelance writer. She currently lives in Catalonia, Spain where she teaches students English and takes Catalan classes. While she’s not busy in the classroom teaching or learning, she explores the Catalonian region, makes frequent visits to Barcelona, and travels around Europe.